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De ahí no te vas.

Hace falta mucho valor para irte de donde alguna vez pensaste que te quedarías para siempre. 

Y duelen las risas que no volverán, las canciones, los lugares, las promesas, los besos que faltaron, las fotos, los recuerdos, las historias, los insomnios que le susurran al corazón que todavía se puede, que regreses, que le llames, que lo intentes, que te hagas pedazos, que no le dejes nada a la suerte, que te quites la duda de si debiste aguantar, esperar o quedarte un poco más. 

Pero si algo he aprendido, es que de donde te quieren, de donde te cuidan y de donde te valoran de verdad, de ahí no te sueltan, de ahí no te pierden y de ahí uno nunca se va. 
 

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