Creo que a veces uno se enamora de quien no debe por esta maldita terquedad de sentir que lo difícil es lo que realmente vale la pena, nos rompemos nosotros mismos el corazón y luego nos quejamos de que hoy en día el amor es una mierda. Se nos va la vida intentando llevar a las estrellas a quien no quiere dejar de tocar el suelo, pasamos demasiado tiempo convenciendo a la persona equivocada de que somos su otra mitad, dejamos que nos quieran siempre a su manera y se nos olvida que el amor debería ser siempre algo a nuestra medida, algo que nos hace sentir desmedidamente cómodos. No sé, tal vez vimos muchas películas donde se llora y se tiene que luchar contra todo para estar juntos, no sé, a lo mejor nunca nos enseñaron a querernos a nosotros mismos y por eso nos encanta el papel de ser salvavidas para quien se ahoga en medio del océano. Yo creo que lo realmente lindo es enamorarse de quien desea hacerlo también de nosotros, y que se sienta bien, como: “te mando mensaje y luego me contestas, hablamos todo el día de nuestras cosas favoritas, de lo que hacemos durante la rutina, se mantiene la conversación, no ponemos pretextos para no responder, si nos ocupamos en cuanto haya un respiro para escribir lo hacemos y así se nos pasan los atardeceres hasta que un día decidimos ya no dejar de tomar café juntos”. Hay que ponerle punto a eso de andar creyendo que debemos morirnos por quien ni voltea a vernos, dejar de emocionarnos por mensajes que llegan cada semana solamente porque se acordaron de repente o andaban aburridos, porque, la verdad no hay nada de romántico en estarse enamorando de quien no quiere enamorarse de nosotros.
Ya no le tengo miedo a quedarme solo, ya he perdido al amor de mi vida un par de veces y aquí sigo, no he dejado de creer pero cada vez el corazón se ha vuelto más frío, más duro y más sensato. No quiero decir que ya no me volveré a enamorar, porque más rápido cae un hablador que un cojo, pero sí puedo decirte que ya no quiero enamorarme de quien sea, ya no quiero más heridas, ni provocarlas; ya no quiero más coincidencias e intentos fallidos. Y ya sé que uno nunca sabe lo que va a pasar, al final el destino es un hijo de perra y cupido otro, pero a mí me gusta pensar que la próxima vez será la buena, la próxima vez ya nadie terminará con el corazón roto. Yo no le tengo miedo a quedarme solo, te lo juro, pero ya no confío tanto en las personas, ya no me emociono tan fácil, ya me morí varias veces en esto del amor, por eso ya sólo quiero cafecito caliente, tranquilidad y un para siempre que sí dure lo que promete.
Comentarios
Publicar un comentario