Un día le pedí a la vida que la próxima de mis coincidencias llegara para terminar con esta mala suerte y con esta gran cuenta de corazones rotos, porque estaba a punto de tirar la toalla cansado de darlo todo siempre por la persona equivocada. Me enredé con la soledad, me dediqué a hacerme feliz, a perseguir mis sueños, me negué a compañías de un rato, borré personas que traían más problemas que alegrías, sané mis heridas y luego llegaste, sonreíste, me dejaste conocerte un poco, invitarte un café y al terminarlo lo supe, el amor de mi vida estaba justo enfrente. Un día el destino me dijo ahora a mí, que la persona correcta llega cuando estás en lo tuyo, cuando eres feliz por tu cuenta, cuando sanaste el pasado y cuando ya no desperdicias tu tiempo con amores que no son para ti.
Ya no le tengo miedo a quedarme solo, ya he perdido al amor de mi vida un par de veces y aquí sigo, no he dejado de creer pero cada vez el corazón se ha vuelto más frío, más duro y más sensato. No quiero decir que ya no me volveré a enamorar, porque más rápido cae un hablador que un cojo, pero sí puedo decirte que ya no quiero enamorarme de quien sea, ya no quiero más heridas, ni provocarlas; ya no quiero más coincidencias e intentos fallidos. Y ya sé que uno nunca sabe lo que va a pasar, al final el destino es un hijo de perra y cupido otro, pero a mí me gusta pensar que la próxima vez será la buena, la próxima vez ya nadie terminará con el corazón roto. Yo no le tengo miedo a quedarme solo, te lo juro, pero ya no confío tanto en las personas, ya no me emociono tan fácil, ya me morí varias veces en esto del amor, por eso ya sólo quiero cafecito caliente, tranquilidad y un para siempre que sí dure lo que promete.
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