No quiero que vengas a enamorarte de lo que brilla en mí, porque cuando te encuentres con mis miedos y mis defectos no vas a saber para dónde voltear. Porque es fácil enamorarse de la mejor versión de las personas, de las risas, de las carcajadas, pero de las heridas, las tristezas y de los momentos malos pocos quieren saber. Así que no esperes que sólo sea sonrisas y brillo, porque a veces el pasado me jode y las cicatrices de esas veces donde fui más valiente que capaz se hacen presentes. Por eso, y si aún quieres, puedes entrar y ponerte cómoda, por lo menos ahora tienes claro que soy de carne y hueso, que me duelen el corazón y el alma de vez en cuando, que nada más sé querer hasta más no poder y que espero lo mismo, bueno y malo, porque sé que eres real, que te derrumbas uno que otro día, que el pasado te alcanza, que te descoses, que te apagas, y que ojalá también sepamos querernos, cuando ni yo ni tú nos gustemos.
Ya no le tengo miedo a quedarme solo, ya he perdido al amor de mi vida un par de veces y aquí sigo, no he dejado de creer pero cada vez el corazón se ha vuelto más frío, más duro y más sensato. No quiero decir que ya no me volveré a enamorar, porque más rápido cae un hablador que un cojo, pero sí puedo decirte que ya no quiero enamorarme de quien sea, ya no quiero más heridas, ni provocarlas; ya no quiero más coincidencias e intentos fallidos. Y ya sé que uno nunca sabe lo que va a pasar, al final el destino es un hijo de perra y cupido otro, pero a mí me gusta pensar que la próxima vez será la buena, la próxima vez ya nadie terminará con el corazón roto. Yo no le tengo miedo a quedarme solo, te lo juro, pero ya no confío tanto en las personas, ya no me emociono tan fácil, ya me morí varias veces en esto del amor, por eso ya sólo quiero cafecito caliente, tranquilidad y un para siempre que sí dure lo que promete.
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