Ojalá que nunca se nos acaben las tardes jugando a querernos, muriendo de risa y bailando una canción cualquiera como el pretexto perfecto para abrazarnos la tarde entera. Que vayamos por ese helado de pistacho que te provoca las más lindas constelaciones en tu sonrisa, escuchemos la lluvia caer en la ventana y nos echemos las cobijas encima para acurrucarnos la existencia. Y que el fenómeno de escuchar tu risa jamás se me acabe, que tus llamadas jamás paren de llegar, que tus “me avisas cuando llegues” jamás me falten y en esos memes románticos siempre sea mi nombre el que etiquetes. Pero si un día el destino ya no lo quiere, se nos atraviesa la distancia, nos perdemos entre descuidos o comenzamos a hacer poesía en otros labios, ojalá que nunca nos olvidemos lo bonito que nos calentamos el pecho y seamos motivo de sonrisa aunque nuestros hilos rojos al final se hayan desenredado.
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