Al menos lo intenté, porque bueno, alguien tenía que poner esa sonrisa a brillar, porque alguien tenía que convencerte que estar a tu lado es un fenómeno estelar casi inexplicable, porque ya era hora de que alguien te mirara a cada segundo sin poder creerse la maravilla que eres. Y está bien, quizá estabas esperando unos ojitos más cafés, una sonrisa más simétrica, una nariz más perfilada o unas cejitas más pobladas, no lo sé y tampoco quiero saberlo, porque me quedo con lo increíble que fue haberte escuchado reír unas doscientas veces por lo menos. Lo intenté, quise darte de ese amorcito que te cura el alma, quise hacerte olvidar los malos tragos, quise que ese corazón se sintiera como si nunca lo hubieran roto, y con eso me quedo, porque uno siempre da lo que es, y eso jamás se acaba. Así que te intenté, pensé que se podía pero no se pudo, y ni hablar, quizá la siguiente coincidencia sea la buena, y créeme, en cada una lo voy a intentar dejándolo todo, porque esa es la única forma en que me enseñaron a hacerlo.
Ya no le tengo miedo a quedarme solo, ya he perdido al amor de mi vida un par de veces y aquí sigo, no he dejado de creer pero cada vez el corazón se ha vuelto más frío, más duro y más sensato. No quiero decir que ya no me volveré a enamorar, porque más rápido cae un hablador que un cojo, pero sí puedo decirte que ya no quiero enamorarme de quien sea, ya no quiero más heridas, ni provocarlas; ya no quiero más coincidencias e intentos fallidos. Y ya sé que uno nunca sabe lo que va a pasar, al final el destino es un hijo de perra y cupido otro, pero a mí me gusta pensar que la próxima vez será la buena, la próxima vez ya nadie terminará con el corazón roto. Yo no le tengo miedo a quedarme solo, te lo juro, pero ya no confío tanto en las personas, ya no me emociono tan fácil, ya me morí varias veces en esto del amor, por eso ya sólo quiero cafecito caliente, tranquilidad y un para siempre que sí dure lo que promete.
Comentarios
Publicar un comentario